Asoma cansada mi noche, con su viento calmo arañando soledades en mi rostro Llega ensanchada la noche soñada...escribí cartas de amor imaginando tu ansiada presencia Vira un barco con sus profundidades, viran las galernas de Ariadna, vibran musicales sus hilos de araña, mientras se revuelve entre sueños mi luz, hasta las escombreras de la multitud, atenuados sus colores amarillos, fantasmales, entre los huecos olvidados, llenos de Venus.
Y asomando por encima de troncas cabezas, un oscuro arco iris, abriéndose, como rosa ennegrecida, entre las pupilas de los más ancianos, dilatadas entre miedos... señal inequívoca de los fríos regresos.
Se escuchará alejada la cruel sinfonía, de ciborg absorto en sus notas, pálidos sonidos en sus sótanos prófugos, donde yacen ropajes malditos, piedras sobre las brumas, cólera esfumando calientes brisas sobre mi paz, sin un aire vivo.
¡Quiero saber entre el olor del sonido de años luz!
Y aunque nunca lo sepa, vaciaré mi alma con el olor de mi última foto
Simalinas en desconciertos, las partes oblicuas del odio, sobresalen, en caretas del homo ensortijado, cueva de hambres, boca alejada del lobo por cicatrices, y entre la matriz, cuantas dudas, regadas entre pelo y sueño, surgiendo o surgirán o surgidos de alveolos en mi respiración. Así, duermo de venenos que relanzan cadenas, unidos, ungidos, después en la muerte, antes del renacer, sobre la luna negra. Mis 15 minutos de relámpagos
Construiré ese lugar lunar de grisáceo y fino polvo, de oscuridad sin rostro Me gusta compaginar música y poesía, poesía y música De la poesía, sin duda, nació la música y de la música...este Universo
EXISTES
La mística forma del deseo, vaporosa incontinencia,
tan solo destrúyeme
cuando no encuentres ardiente carmín sobre mi rostro
Existes en una silueta de tormenta que baja hasta mis ojos
Dulce silueta contorneando los abismos hasta el carrascal hambriento entre sus haces de gris La calma nos espera
No me importaría descender hasta las ínfimas calas de la noche
Respirar su invisible aroma entre bellas flores del mal
Me arrastraría en serpiente hasta la última esquirla de mi agonía,
clonándome entre las angustias desprendidas de su excitante ruido
Retorcerme, prisionero, sobre moribundos campos, apagada ya mi voluntad
No me importaría rejuvenecerme en la muerte,
si tu belleza me permitiera solo a ti sentirte,
entre la escarcha de mi tacto
Mi inmutable cuerpo se haría aceite boreal
rasgándote alrededor de mi absurdo sentido de la vida
Pero la locura amanece
Irradia su temblor sobre un soplo de certezas que me agonizan
Mi velo veneciano, traslúcida reencarnación, se ha vuelto gris
Hoy resurgen negras sus nubes,
buscándose entre lágrimas imposibles de una oruga hambrienta
¿Cuál de los dos caminos serás?
¿Recelo entre el suelo polvoriento o el dichoso viejo alejándose?
Descendería hasta tu infierno entre calladas figuras,
dominantes, inertes, sin ojos,
ciegas a los albores de la vida,
estulticia revoloteando tras el inmenso espejo,
observándome con sus aspavientos desesperados
Pero en el terral de la noche solo veo voltear un sucio barro,
girándose, gimiendo ser un nítido cielo,
oscureciéndose entre mis páginas escritas de desierto
Cedería a la muerte, entre su verdor, todo mi desgarro
"Se que aparentemente no tiene sentido publicar esta poesía a continuación, soy así,
quizás el poco sentido va conmigo, con mi propia existencia.
Hace tiempo escribí Cenizas, en un blog en el que ya no escribo, su última poesía.
La añoranza, ese sentimiento que puede conmigo, mi talón de Aquiles, me hace daño"
La única promesa viva que conozco,
me besaba con sus invisibles labios durante la tormenta:
para que se escuche el sonido de
las mariposas, millones de ellas habrían de estar volando, existe el infinito
en su algarabía, millones de alas de mariposas, aleteando su reflejo en mi
pupila.
Temo el sonido de su aleteo, la
caricia de sus cascadas en mi interior.
Ese sonido abre tantas puertas, que hace de Dios su
música, y a mí, su indefenso humano.
Yo me atrevo a hablar de Dios, de la
plena historia de los días hecha sangre y desmemoria, del exacto desastre que
me lleva a la violencia en sus palabras. Me extiendo entre la suavidad del demonio.
Aquel metal hundido en la oscuridad de
la tierra resurge entre cantos de laudes y en mi propio temor.
He subestimado a las
sombras
Su suave sonido
aletean SU REFlejo en mi pupila iluminada
Esconden la BElleza El dulce matiz de la naturaleza
Tan sutil el camino recorrido dan forma a mi destino
Me empapa su Lluvia en el oscuro
hundido, sonido que no cesa…
Sois mi rostro cruzando en deseos
de leviatán, entre sorbos que me reducen a la nada.
Ellas Viven en los ojos de Lázaro,
entre todas las muertes,
en las palabras que alumbran el
pensamiento, lánguidas ramas que mece el viento,
plenas bajo el diluvio de
nuestros deseos,
el sofoco de la puerta ténebre que se cierra entre huecos
portazos.
Regreso a mi segunda vida, con el
sordo mensaje que nadie escuchará.
Mi furia se ha evaporado, ahora entre mis silencios descansas, mi resistencia duerme, mientras escucho tu voz derramándose en poesía. ¡Donde tú me lleves! Mis alas vuelan tan alto que no vislumbro sarpullidos en ninguno de mis pasados. Aquellas enormes miserias... apenas son migajas para el hambre de mi esquelético universo.
Y ahora, cántame, entre los nubarrones de la oscuridad, apagados los quejidos que me alimentaban. Déjame ser tan débil como pueda serlo. Tan ligero y liviano que jamás me posara en ningún horizonte, mantenido por el infatigable soplo de un vencejo. ¡Cuánto echo de menos tu silencioso descanso! aún cerrando mis ojos al vértigo, estremecido en el espeso paladar de la muerte. Tan juntos como extraños nos encontraremos.
Apenas escucho, los locos estallidos pertenecen al ayer; el ruido son sábanas que me envuelven en el mal. Solo un momento separa a la angustia del sueño.
Abro una página de mi libro, es todo un planeta en mí, y solo para mí, y se me clava como una flecha perdida en mi abrupta imaginación. Este es mi planeta...no necesita una flor que redefina su belleza.
Ahora descanso en ti. Mi resistencia duerme en tu poesía.
Te busco en el eslabón perdido del extraño amor,
en la estratosfera encantada anidando sobre voces sueltas, acaso muertas.
Qué bella mi amada estridencia, se contornea en la tormenta más deseada, rasgando el impasible papel en mi monotonía blanca. Soy un bailarín danzante en su
sombrío paisaje, en el escaparate de una vida eterna.
Brincaba en el tiempo el pergamino
que me hablaba con sus millones de años, se escapaba de la fuente escondida, de su
agua dormida. Mojaba mi instinto entre sus egregias palabras.
La negra trilogía que respiro no
entiende de silencios, me mira entre el caos y su temblorosa anarquía. A veces
sueño con el camino que no debo pisar, y
a veces ese recuerdo... se diluye entre fantasmas, cuando el volcán de la parodia se transforma en mi frío,
y dejo de escuchar el hablar de mi único hermano, hasta volver al principio. Las palabras viajan alrededor de
mis ojos ¿Qué importa su significado? El lobo ya me mira de frente y en el brillo
de sus ojos apenas asoma un parpadeo, el absurdo holograma del pez en su iris.
El coral duerme entre los besos que no existieron. No olvidaré lo que fuimos aquellos negros días, en aquellos días negros.
En el oeste de los sonidos
Abortaba la música en mi alma
La verdad me escarcea sus malditas puntas
Son pequeñas fragancias, amorfas sirenas navegando del viento al aire
Épsilon se esfumaba entre sus macabras flores
Y yo…
Yo
A sus días borrachos los
expulsé
Arrojaba el miedo sin peso
Desnutrido aún recitaba círculos
El primor
La rabia
El desconsuelo
Escuálido prodigio
El hombre asesino
X
El ansia reposando en las caderas de un jarrón, aviesa agua en su interior
Si, soy feliz cada momento en el que no te pienso, soy soga ahogando la belleza
Alien esculpiendo el bromuro
Animaré a las serpientes
Sobre su verde calor
Deslucir en mi polvorienta visión
Cual ánimas que cruzan la estela de una flecha
El cielo oscuro, chanza de ruidos, avisan sus máscaras, tapándome, con sus sonidos de sur, otro despertar. Agua ausente en mi piel, me arrastra el desierto, en su débil salto de sed.
El cielo oscuro, como una mirada apagada, ahoga la tímida luz de mi bosque; aún respiraba sobre los pétalos de abril. Aquel mes murió, su beso perdido en el regazo de lo incógnito, entre perlas y escamas...
Sueño tener un mal día, ahogándome en sus lándicas lagunas, un extraño en su boca voraz.
Caen mis alas, hacen penuria en la torre que encerró mi silencio, apenas existo en esta prisión incardinada
Nací un siete de Octubre en el
lugar desconocido
Del laberinto azul
Aquí, mi primera página esparcida entre la hojarasca roja del otoño
En la casa de los vuelos aún se posaban las palomas, sus alas quebradas por la
inercia buscaban mi oxígeno
Era el defenestrado alivio en dos círculos sin nombre, tocándose, con la estrechez existente en la respiración de una vieja extraña. Entre las paredes sepultas del evangelio azul, arden flechas a la dejadez de las flores
La mañana reflejaba en un balcón el cielo gris acariciado por el viento imperfumado
Del olor del día surgieron mis ojos, el escozor de la luz me ardía entre golpes de
escaleras
Y de la bruma hacían las esquirlas su escondite, metálicas formas de la máquina divina
La negra mano
acariciando la blanquecina mejilla. Dos vidas cantando a dos muertes
El querubín dio paso al demonio, en un viaje de oscuros pasos
En el crepitar de páginas arrugadas, árbol impar que no conoce noche
Y el día fue crepúsculo para la rosa que me hablaba, con sus negros pétalos vistiéndome
de horizonte, sin principio y sin final, volaban sus palabras en la ermita del Santo
Quebradizo como el tiempo a los siglos, que me alejan y me acercan, en una lluvia de gotas que al sentir mortal su caída…nacen
Déjame verte desnuda, tumbada sobre
el invisible hilo donde guardo el equilibrio
Es la verdad un juego de niños, un escondite en la tierra plana.
El aire, enloquecido, se mueve en
tu boca, gesticulando en los huecos suplantados a la palabra. Un alambre entre sus
comisuras. Respiramos ese infecto aire alimentado con la venganza, el que mata la
claridad de los días. Y su ahogo despierta en los dedos, las uñas del cuervo rasgan la piel, desnuda nuestra insensatez hasta unos frágiles huesos.
Déjame ver la última coma antes de
continuar, escupiendo sobre tus profecías, los bálsamos sepultos del pueblo
ciego, nacidos sobre la cara oculta de la luna.
Soy, y al fin seré, tu
frente de guerra, escuchando el sonido del tambor rabioso marcando mis pasos,
advirtiendo del lago voraz que irrumpe entre mis manos. Cruzo tu alargada sombra
y me arden los pies. Me quemo hasta sentirte, me transformo en hoguera en tu oscuro
escondite.
Un vampiro en la oscuridad se
maquilla como hombre, en sus ojos rojos se refleja mi ingenuidad temblorosa, ha crecido bajo el árbol del ahorcado, dulce sabor es mi
sangre para tus deseos.
Del letal movimiento me hablas, no
escucho, solo alimento el cercano flash de mis acordes, y me alejo de tu sórdido sonido
de fantasma. Arrastro tu mísera figura de carnaval hasta el vacío de mi olvidado asesino...
Siento que hoy mengua el destino Marta, respira lejos mi vida, pero aún permanece
serena la distancia de mi corazón
marciano que busca sombra entre sus rocas vencidas. Reposo mi cabeza entre su oscuridad, surgen sueños famélicos.
Un manto negro, como una venda en mis ojos, tapa el cielo, el rojo carmín de los valles es negra sangre, borbotean sus gritos a la clemencia, su desbocada llanura.
Lloran hombres, sus caras son agujeros asesinos que duelen y arañan. Su mirada ha retrocedido ante la muerte.
Tengo miedo Marta, suenan voces que no son gritos, son disparos. La bala del francotirador roza mi hombro. Busca la carne herida, oculta tras el olor de mi sangre.
Hoy muero Marta, no aprendí a ser hijo menor y la distancia hasta mi padre se me hace larga.
Quiero despertar, alejar los alaridos cosidos en arañas, la muerte a bocajarro, su olor maldito succionando mis venas, atando mi vida a sus cadenas. Las siento como una soga. El aire es denso y se aleja de mis pulmones. Oscuro demonio he sido.
El pegajoso sigilo me atraviesa, son clavos que llueven sobre mis latidos, esa tupida sábana que lo cubre todo.
Marte ha ennegrecido, la soledad de sus piedras ahora me habla
He llegado a la abserta de mi
amplia luna, con mi absorto sonido, arrastrados mis pies, arrastrando mi negro
nombre. Fui cristal en esta vida prohibida
Adiós golondrina, me enamoré del negro color de tus vuelos, huidizo revoloteo
sobre nuestro lago de duelos
La punzada zumba en la herida profunda, marcas de parsimonia cruzan mi sonrisa, difuminándome en el triste marfil, ya desquiciado, resquebrajado en el olvido. La herida es mi ventana, árida mirada de los grises soles. Solo ellos me acompañarán, ellos que me vieron nacer en un desierto
Carga el viento mis arruinadas maletas, mi padre ha marcado el camino, y subo sus
escaleras. Somos el viaje hasta las esferas.....
El fecundo libro de la muerte, entre arias de sonidos levitando, a mi voz cruje,
en la arrastrada silueta de todas sus sombras, absorbe el calor de mi destrucción
Soy un asesino en la mentira y en el poder, y hasta el sigilo escucha la respiración de las muecas que escondo
El barco ha zarpado con destino a su no retorno, las velas de la magia sangran el odio en su cera, blanca espiral de luz marchita, blanca pared dibujando el perdón en un solo pecado. Cada palada de tierra en mi tumba anuncia la tupida vida eterna, sin ojos, sin el cerco del tiempo, apagada la luz de las estrellas, abierta con las esporas del infinito
¡Ay tu voz! la escucho templada, no tiene nombre, no toco aura, el tiempo la aleja cada vez más. Se mueven los brillos, es seda, es calma, tus alas de mariposa
¿Y si el cuerpo no tuviera reino?¿Y
si el cuerpo no encontrara el alma?
Abro sobre un segundo, mis ojos en el
balcón de la mirada, a la eternidad. En la circundia reposa, de esa madera que anidó en roble, la tragedia. Y el destino,
embalsamadas sus siete cabezas de ecce homo, retrocede esclavo de su mirada.
Y quien de él habla, muere.
Perfidia un viento lúgubre, quizás
sea la noche, su perpetua rigidez me habla. Oscuridad de los campos crepitando
en mis deseos. Permanece escondida, permanecerá. El día observa mudo, mi espejo, quieto ante
la ausencia de la efímera dama
La miseria se hace constelación. Quizás
sea yo
El
viento lúgubre Quizás sea la noche Su perpetua rigidez me habla Oscuridad de los campos crepitando en mis deseos La miseria se hace constelación Quizás sea yo
Perdido, poseo un diamante perdido, eterno, distante, pulsando bajo mi corona de rey muerto,
sin un velo carcomido que cubriera sus puntas brillantes. Explotará su luz diacrónica como arsénico en mi extasiado interior Las escucho, suenan campanas, chocando en el sendero de la vida apagada,
sonidos veleidosos escapan de su sinfonía
La locura emana entre las plumas de la oca en su vuelo
La muerte apenas es una apariencia, su caricatura nos hace su alma, espectros de sabiduría
Suena ruidosa como gota que riñe al océano, quiere ser pequeña pupila, entre ojos agarrar con su profunda mirada al inmenso universo
Las pupilas muerden con su esplendor en el rocío
rojo
alrededor de un viento que las
protege del macabro roce de la espiga