En un deseo de extinguirme, para yo extinguirme, abro la flor de mis penas en la alameda; sus escuálidas e inertes rocas observando, una pulcritud dorada en aquella voz temprana, una voz de agua...muriendo, lejana, en el frío de los universos. Yo, tras la elevada cima de los príncipes desnudos, espero encontrarme con tu voz, siendo la parca fotografía del fin del mundo
don dumas
Treinta y un minutos sobre esta joya de Marissa Paternoster ¡abre la pantalla! caminando tu mirada sin arder, camina en la única sensación, para esta poesía del siglo XXII, acordes en Gigantesca, su masacre, el gris y el hombre. Duermo hasta entonces...Recordadme
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