Dios se ha introducido en la máquina con cabellos del tiempo. ADN fijando el algoritmo: bajo mi nuca, bajo una brisa digital, bajo la mirada helada de Helena.
Los pergaminos de negra tinta, bíblicos papeles de avaricia, se deterioran con la cadencia de los vuelos, larvas devorando al hombre, ¡huye Grecia de la madre tierra!, búscame en la carne de los ángeles, hay un refugio entre las flores
Brotar en la delicadeza de los brillos azules, flotar sin la gravedad de las rocas ni de los mares milenarios. Alejándome de las cruces, de los espasmos socialistas y de sus generales. Llevo un corazón en la máquina, a años luz de ver a un niño
don dumas